martes, 4 de marzo de 2014

Probabilidad de ser catalán, geometría parlamentaria & el tren por la vía equivocada

En la sociedad moderna el concepto de “nacionalidad” ha evolucionado sin duda, en este mundo tan globalizado y con las facilidades que ofrece al transporte: los aviones, el AVE, las autovías… y las comunicaciones “on line”.
Por ejemplo, el AVE Barcelona-París es una muestra reciente de agilización en la conexión de estas dos ciudades, en la línea de uno de los ideales europeos de “libre circulación de ciudadanos”.

Al igual que el AVE entre las dos principales ciudades españolas revolucionó hace ya unos años su conexión, que previamente era también privilegiada por avión, el llamado “Puente aéreo”, y a partir de ese momento se reforzaba con un puente a ras de suelo.

Estas conexiones han facilitado que haya madrileños que trabajen en Barcelona y viceversa. Al menos en un porcentaje significativo de su tiempo. Seguro que en muchos casos no tienen muy clara su “nacionalidad”, o si.

Esta evolución en los tipos de transporte ha sido progresiva en las últimas décadas y ha venido propiciando un flujo creciente de ciudadanos entre diversos lugares, por múltiples motivos, siendo el trabajo uno de los esenciales.

Muchos andaluces y extremeños se trasladaron a Cataluña en el pasado relativamente reciente, y tanto ellos como sus hijos se convirtieron en catalanes. Al igual que ahora tantos jóvenes españoles están encontrando su trabajo en Alemania, y en muchos casos se convertirán en alemanes. Se casarán con alemanas o alemanes y tendrán hijos de esa nacionalidad.

Yo, que era sevillano y ahora soy madrileño, tuve primos hermanos catalanes por parte de madre y padre. Una hermana de mi madre y un hermano de mi padre se trasladaron en los sesenta o setenta del siglo pasado a Barcelona y se convirtieron en catalanes. Yo era sevillano, y lo sigo siendo de corazón y nacimiento, pero ahora soy madrileño de residencia. Voto en Madrid, y estoy en el censo de la Comunidad. No voto en Andalucía porque no resido en Andalucía. Aunque lo tendría muy “facilitado” usando el primer AVE de este país.

Y podría haber sido catalán… En dos ocasiones me planteé trasladarme a Barcelona. La primera cuando estudiaba Física y consideré hacer la especialidad de Nuclear. Al final me decanté por Electrónica en Sevilla. Y la segunda cuando tuve una oferta para trabajar en una multinacional ubicada en Barcelona. Al final escogí otra opción ubicada en Madrid.

El destino no ha querido que yo sea catalán, pero lo podría haber sido, al igual que soy ahora madrileño, o de la misma forma que lo han sido mis tíos catalanes o lo son ahora mis primos y primas y sus hijos.

Digamos que respecto a la nacionalidad, al igual que pasa en la Física Cuántica con los electrones en los átomos, según se muestra en el Principio de Incertidumbre, existe una probabilidad de que un ciudadano tenga una determinada nacionalidad en un determinado momento, que por circunstancias diversas podría verse modificada.

En el caso de los electrones se usa el concepto de “orbital” para expresar donde se puede encontrar un electrón según su probabilidad, y cada orbital tiene un nivel de energía diferente.

Con las “nacionalidades internas” pasaría algo similar y en función de donde resida uno (equivalente al orbital) tendría una presión fiscal diferente. Esto se debe a la solidaridad necesaria para equilibrar y articular cualquier estado. Lo mismo pasa a escala europea.

Los catalanes vienen quejándose del expolio a que se ven sometidos por España, por culpa de esta solidaridad… y esta es una de las razones principales por la que ahora han emprendido un desafío independentista.

Si yo hubiera sido catalán se supone que debería también estar muy molesto por este supuesto expolio, pero como soy madrileño …, debería estar “aún más molesto”. Al final resulta, que aunque un catalán tiene un tipo fiscal mayor que la media, no es el más alto a nivel nacional, y por tanto lo del “expolio” parece que se debe más a un cierto victimismo nacionalista que a una realidad.

De hecho, los de mi generación, que hemos vivido la evolución democrática española de los últimos 40 años, recordamos como siempre daba la impresión de que la geometría parlamentaria resultaba especialmente generosa con los partidos nacionalistas, y no en vano, varios partidos “medios” en cuanto a porcentaje de representación plantean la necesidad de modificarla para que las proporción de votos por diputado resulte más equilibrada y/o justa.

Y fruto de esa geometría, era muy habitual que los resultados brindaran casi siempre una magnífica oportunidad a los líderes catalanes para negociar favorablemente en cada legislatura… De alguna forma, parece que el hecho diferencial catalán ya está de facto reconocido y considerado. Salvo que un partido obtenga mayoría absoluta y no se vea “obligado” a negociar para gobernar.

Me temo mucho, que en el improbable e hipotético caso de que el desafío catalán fuera adelante, y en un escenario favorable en el que en un plazo relativamente corto retornaran a Europa, pronto asistiríamos a quejas similares sobre un presunto expolio europeo. (¿cómo sería recibida la troika en Barcelona?).

En fin, los que queremos, apreciamos y admiramos a Cataluña, que creo que somos la gran mayoría de españoles, (y eso indican las encuestas recientes), deberemos encontrar el camino de que quede este tema satisfactoriamente canalizado y nos centremos en construir Europa en lugar de destruir España.

Me parece un poco frívolo que algunos planteen que desde España sólo se plantea el problema catalán desde un punto de vista jurídico, sin tener en cuenta el hecho diferencial catalán… No se puede quitar valor a la defensa del pilar principal de un estado como es su Constitución. Si se pierde de vista o se relativiza y minimiza esa referencia clave y básica, se corre el riesgo de volatilizar el marco consensuado.

Puede ser conveniente y oportuno estar abierto a la evolución, y tras un principio de recuperación de una crisis que nos ha enseñado algunas grietas e ineficiencias, podría buscarse un consenso para ello. Pero hay que tener muy claro que cuando algunos hablan de la conveniencia de mover ficha y hacer propuestas, para evitar un choque trenes, resulta que el tren que va por una vía equivocada es el que viene planteando el desafío. Ese es el tren que no va por la vía que debería y que está generando una situación de riesgo. Si vuelve a la vía adecuada, con claridad, entonces España debería dedicar energía para encontrar ese nuevo consenso para mejorar la integración … y la geometría.

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