La paradoja de Artur
y el derecho a decidir.
Supongamos que existiera el
equivalente de Artur Mas en antimateria, como ocurre con el positrón para el
caso del electrón, y convengamos que se le asigna el nombre de Artur Menos.Al
igual que el positrón tiene idéntica carga que el electrón, pero positiva en
lugar de negativa, Artur Menos tendría unos resultados “opuestos” a los de
Artur Mas.
Por ello, habría llevado a su
partido a subir claramente en intención de voto, mantendría una estupenda
relación con Durán y Lleida –con su equivalente en la antimateria-, en una CIU
más fuerte que nunca, que no tendría por qué dejarse presionar por ERC… y
proyectaría una Cataluña líder de un proyecto español renovado en la salida de
la recesión. Los empresarios catalanes le apoyarían de forma decidida y
estarían encantados de tenerle de presidente.
Todo evolucionaría a “Más”, en
lugar de a “menos”, por lo que la primera paradoja sería la del Apellido, y
surge la duda por tanto de si no se habrá producido una especie de baile entre
materia y antimateria, por esos extraños avatares de la física cuántica, y un
buen día el Sr Mas, el real, se habría convertido en justo su opuesto, quién
sabe si por influjo de un acelerador de partículas que hubiera visitado o por
algo más humano como algún “berrinche” en un clásico .
Si no hubiera pasado, y no se
hubiera adentrado por este camino-atolladero, que desangra a su partido hasta
casi romperlo, y amenaza con convertir a los catalanes en ciudadanos de
segunda, fuera de Europa, sin pensiones y muy alejados de lo que realmente
representan (un pueblo en la vanguardia creativa y productiva de Europa). Si no se hubiese producido este avatar
cuántico y Artur realmente buscara lo mejor para su pueblo –como aquel legendario rey Arturo- , no habría sido
necesario plantear esta cuestión del “derecho a decidir” con el órdago de la
Consulta.
Este tipo de órdagos son muy
peligrosos porque tienen efecto boomerang y se vuelven contra uno mismo. Hasta
las empresas más emblemáticas de Catalunya se lo piensan antes de invertir en
una zona que está puesta en riesgo… (Cuando uno juega a romper reinos muchas
veces acaba con su propio reino roto).
La historia ha forjado a los
países, y en la historia reciente el pueblo español tuvo el derecho a decidir
sobre una constitución, y repetidamente sobre sus sucesivos gobiernos. Al igual
que el pueblo catalán ha tenido, tiene y tendrá el derecho a decidir sobre los
suyos. Las constituciones suelen desarrollar cómo se canaliza el derecho a decidir,
entre otros aspectos para introducir cambios en la propia constitución, y ya
que se trata del marco por el que se rigen los estados, los ciudadanos de esos
estados deben de respetarlas.
Esto parece muy sencillo y comprensible, sin necesidad
de ser un experto en Derecho Constitucional o en Física Cuántica, así como
tampoco hay que ser Catedrático de Historia de España para entender que todos
los españoles puedan considerar a Cataluña como una parte más de esta España
tan plural, y que tengamos razones para quererla como si fuéramos catalanes,
porque muchos tenemos algo de “sangre catalana”, además de múltiples
experiencias y muchos amigos. Todos podríamos reclamar un “derecho a decidir” y votar a favor de la evolución positiva, de
la integración , de la eliminación de barreras y de defender las peculiaridades
de los pueblos sin separatismos trasnochados. Espero que pronto se esfume esta
especie de paradoja de Artur, que recupere el sentido, y que esto haya sido un
mal sueño.
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