Para cualquier español, verse como campeones del mundo de futbol parecía, hasta este mes de Julio, una quimera dificilmente alcanzable. Una misión imposible.
Ahora que lo somos, y que ya hemos perdido el primer partido con esta condición, tiene más sentido lo que antes del perder decía Del Bosque: "sólo somos campeones del mundo".
Y aún más sentido tiene si se tiene en cuenta lo que le acaba de suceder, cuando escribo estas líneas, en baloncesto. Que acaba de dejar de serlo, o al menos, no lo seguirá siendo cuando finalice este mundial de Turquía.
Pero aparte de lo efimero de toda condición, lo esencial es que España lo consiguió. Siguió un camino dificil, luchó y alcanzó y cumplió su misión imposible.
Pero hay cosas que no acaban de conseguirse, que parece que realmente son IMPOSIBLES. O no.
Creo que todos tenemos muchos ejemplos personales. Y no sólo en el ámbito deportivo ni competitivo. Para la mayoría de hecho resulta imposible que te toque un premio importante de la primitiva o el gordo de la lotería. O para alguien puede parecer, o resultar, imposible subir a la Giralda o a la Torre Eiffel, o por ejemplo aprender chino o japonés.
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