lunes, 6 de septiembre de 2010

Sevilla, este verano

Este verano he vuelto a subir a la Giralda. Creo que es la tercera vez, o la cuarta. Y me ha parecido menos extenuante de lo que creía recordar.

Siendo sevillano, puede que está por debajo de la media -de subidas a la Giralda-. Sobre todo si tengo en cuenta que ahora es gratis la entrada para todos los sevillanos: sean de la ciudad o de la provincia. No ocurre lo mismo en el Alcazar, que sólo es gratis para los de Sevilla ciudad... Pero no voy a tomar represalias. También he entrado, aunque me haya costado siete euros. Merece la pena, aunque más adelante me entretendré en hacerle una crítica.

La parte de la Giralda a la que se puede subir, hasta el campanario, es la parte árabe, y la hicieron con mucho sentido práctico. También me gusta de la Giralda, el giraldillo que hace las funciones de veleta, y que mide él solito cuatro metros, de los noventa y tres del total.

En el Alcazar también hay aportaciones cristianas, pero la esencia es ARABE, con mayúsculas, y es precioso. Así que no entiendo porqué la mayoría de paneles explicativos de cada patio o habitación se refieren a acontecimientos cristianos posteriores a la parte esencial: "en esta habitación dormía en verano la reina Isabel...", etc, etc. (¡No he tardado mucho en hacer la crítica!).

De cualquier forma, Sevilla tiene un color especial, como dice la canción, y sigue teniendo su duende. Y es el mejor sitio para empezar esta historia imposible.

Porque además, hace muchos años, empezó en Sevilla.

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